Érase que se era, una pobre niña ciega. Sus padres vivían con ella y sus 8 hermanos en un pueblo casi deshabitado.
Su familia era pobre, pues el reinado de Felipe IV había asolado las tierras de cultivo de su familia, como las de muchas otras personas.
Su padre, sin saber qué hacer para poder dar de comer a su familia, llevo a Madrid a su hija. Su plan no era otro que exponerla como curiosidad en una feria que había montada en la capital para agradar la visita del Rey, pues esa tarde iría a ver la ciudad. La niña se opuso rotundamente cuando su padre le explicó los planes que tenía para ella.
-Pero, padre ¿que te crees que soy? ¿un mono de feria? No quiero ir, se reirán de mí. Además, tengo que cuidar el huerto, me lo dijiste tú, sino los conejos se lo volverán a comer. -Me da igual lo que digas, vendrás conmigo. No te preocupes, no se burlarán de ti, le he pedido a tu hermano mayor que venga con nosotros, por si acaso quieren reirse de mi hija. Además, hija, esto es solo para poder ganar un poco de dinero, llevamos días sin comer.
Varias veces antes de la partida, la niña ciega intentó convencer a su padre, en vano. Pararon varias veces por el comino para dar de beber a los burros y descansar. Cuando llegaron a la feria, les esperaba un tío del padre de la niña. Él, le había cedido una vieja caseta que les serviría para poner su plan en marcha.
-¡Niña ciega, niña ciega! Acérquense, señores, esta niñita tiene poderes, puede adivinar el futuro -decía el padre repetidas veces, mientras sostenía un cartel. El padre le había dicho a su hija que le siguiera el hilo de aquella mentira.
Cuando el Rey llegó al recinto, todos los feriantes hicieron una reverencia. Cuando Su Majestad se acercó al puesto donde estaba la niña ciega, se quedó maravillado con las predicciones de la niña.
-Oh, mi señor, usted corre tiempos de felicidad, si no me equivoco. Con el nacimiento de su hijo ya está pensando los planes de la herencia. Pero, si quiere mi consejo, dejé de pensar en eso, queda aún mucho tiempo, pues usted es joven y su hijó será un monarca maravilloso. -¡Válgame Dios! esta niña es un genio. García, -dijó el Rey a su consejero -quiero a esta niña en la Corte, avisa a los guardias y búscale un caballo. Y… ¡Ah! un buen caballero de compañía, no quiero tener ningún accidente por el camino. Otra cosa, manda a un mesajero al castillo comunicándole a la Reina que tengo una gran sorpresa, que preparen una fiesta. Señor, -dijo, dirigiéndose al padre de la niña -le pagaré una dote con 4000 marcos para gastos personales y quiero que usted y su familia se muden a la Corte también.
Meses más tarde, cuando la niña estaba ya incorporda en la Corte, decidió contarle al Rey su secreto.
- Mi señor, yo no soy adivina de verdad, mi padre me obligó a predecir el futuro a la gente, y sobre todo a usted, para ganar dinero. Y ahora está disfrutando de muchos lujos.
El final de esta historia no es otro que este: el Rey manda desterrar al padre de la niña y ella pasa de ser adivinadora a ser la consejera de la Reina. Su familia vivió años de prosperidad y felicidad, gracias a que la niña ciega contó la verdad.